FECHA: 29 de marzo de 2011
INSTITUCIÓN: Ludoteca Francisco Miranda, Programa de Buen Comienzo
JORNADA: Martes de 8 a 12
DESCRIPCIÓN DE LA SITUACIÓN:
Como es usual la jornada de la ludoteca inicia con canciones y rondas que amenizan la llegada de los niños. Después de esto, mi compañera de práctica y yo procedimos a realizar lo que teníamos planeado para esta primera sesión de intervención.
Para comenzar, hicimos la lectura del poema “Se mató un tomate”. Este fue agradable para los niños en su inicio puesto que prestaban atención. Pero, después, se fueron disipando, según mi percepción, porque era largo y porque en el espacio que hicimos la lectura habían muchos distractores como juguetes, bloques, piscinas de pelotas, entre otros.
Continuamos con la preparación de una ensalada como introducción para la posterior escritura de una receta. Para esto les entregamos a los niños hojas de lechuga, la cual después de hacerla pedacitos, debían mezclarla con tomate previamente picado por nosotras.
Después, repartimos a los niños unas siluetas de unos tomates y de unas zanahorias para que ellos escribieran la receta de una ensalada, un portador de texto que es muy conocido. Esto lo hicimos con el fin de introducir a los niños en el conocimiento de una estructura textual, en este caso la receta. Aunque ellos ya la conocían, en las sesiones de diagnóstico no vimos que se les invitara a escribir y a leer, de lo cual sería posible inferir que la razón es que no tienen una escritura y lectura convencional. En este orden de ideas, si es posible que los niños y las niñas no tengan la escritura y lectura convencional, su manera de leer es meramente receptiva.
COMPONENTE TEÓRICO:
Para que los niños no sólo sean consumidores de textos, sino que creen y recreen la lectura y la escritura, Solé (1994, p: 72) argumenta:
(…) queremos hacer lectores autónomos, capaces de enfrentarse de manera inteligente a textos de muy distinta índole, la mayoría de las veces distintos de los que se usan cuando se instruye. Esos textos pueden ser difíciles, por lo creativos o porque estén mal escritos. En cualquier caso, dado que responden a una gran variedad de objetivos, cabe esperar que su estructura sea también variada, así como lo será su comprensibilidad.
REFLEXIÓN PERSONAL:
Los portadores de textos son todos aquellos materiales que, como su nombre lo indica, portan texto (libros, diarios, revistas, enciclopedias, etc.) de uso frecuente en la sociedad.
Algunas veces, las maestras no suelen entregar este tipo de material a los niños para que ellos interactúen con él, pues suelen pensar que no saben leer. Ellos no lo saben hacer de manera convencional, pero, leen el mundo a su manera, utilizando su imaginación y asociando con los saberes previos que poseen. En consecuencia, es fundamental que variedad de textos se pongan a disposición de los niños, desde temprana edad, en razón de la importancia que revisten para mejorar la competencia comunicativa de los niños. De esta manera, se les inicia en su formación como lectores y escritores competentes.
Los niños a los que se les da la oportunidad de plasmar lo que piensan en el papel y de leer distintos tipos de textos, pueden adaptarse a distintas situaciones de lectura. Consecuencia de esto es que llegan a comprender lo que leen y, a partir de ello, escribir como expertos.
BIBLIOGRAFIA
SOLÉ, Isabel (1994). Estrategias de lectura. Barcelona: Grao
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